Han pasado
unos meses… llenos de cosas pero han sido vagos meses.
Me pierdo bastante
rápido queriendo tomar un hilo que cada vez se me vuelve más cotidiano y más claro… pero aún me siento perdida.
Tengo
claridades ajenas a mí, y mis propias claridades van caminando paralelamente en
un universo perfecto que aún desconozco, pero que siento.
Y a veces
siento cosas, y tengo certezas, pero sin saber cómo nacen, por qué nacen… pero ese
“por qué” es una pregunta que aún me hago, prefiriendo estar ciega antes que
ver con claridad lo que todo esto significa.
¿Post
tormenta? ¿y cuándo termina la tormenta? ¿Cuándo empezó?
Yo sólo sé
que aún pienso, aún lo pienso, aún la pienso… y pienso innecesariamente
momentos que ya están plasmados y que nada puedo cambiar de eso… y en realidad
¿qué puedo cambiar? Si todo esto es el destino.
Sufro a
veces porque siento, porque quiero, porque escucho también… por eso sufro. Y el
sufrimiento es más claro que la belleza lejana a las palabras, por eso me
pierdo.
La tormenta
sigue y seguirá, porque finalmente así es esta vida que he decidido llevar –por
ahora-. Después quién sabe lo que pasará. Por ahora, me envuelvo en esas
claridades ajenas, porque todo tiene su tiempo, y el tiempo de mis claridades aún
está lejano, aún es paralelo, pero aún soy joven. Por lo menos seré joven hasta
donde quiera serlo.
Aún no sé
preparar bien un discurso en la pre tormenta, y los discursos post tormenta
sirven cuando hay certezas, y yo aquí aún no tengo muchas, porque es difícil saber
si sentir el corazón o el cerebro porque las conexiones aún están en reparación,
y por lo que ya sé, aún puede estar lejano, pero llegarán.
Katerine Cayupel
Enero, 2014