
Sujétame las manos
Sujétame las manos que hasta el cielo quieren llegar.
Esperan resucitar el paraíso que plácidamente dormía
entre escombros del olvidado Edén.
Completamente irrovocable para la mente mal sana
es esta plegaria que enciendo,
pero más vale complacer mi felicidad fugaz
que prematuramente muere.
En estos lapsos omnicientes aparentemente despiertos
son en los que mi voz se pronuncia
desvariando manifiestos con olor a oraciones pecadoras,
que pecan de alegrías extremistas.
Con una escalera que llega hasta el cielo estrellado
queriendo recostar el cansancio de la maldad
entre nubes espesas de llantos fragmentados.
Por esto sujétame las manos, los pies, el corazón.
Sujétame la vida
que llegando al cielo, me desvanezco de la felicidad.
Febrero. 2011
Katerine Cayupel
Katerine Cayupel
